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Con la escoba dentro de casa

 

Por Salvador Giménez

La fiesta necesita una reforma profunda que no es otra que volver a la integridad. Hay que desterrar el fraude y la mentira de nuestras plazas. 

 Mucho se está hablando de la reunión de la cabeza visible de la ‘torería’ con la ministra de cultura. Mucho. Aunque la ministra no haya hecho declaración alguna, ni se haya dignado a fotografiarse con los toreros. Es más, el ministerio ni tuvo el detalle de ceder su sala de prensa para que las primeras espadas diesen a conocer los contenidos de tan esperada y ‘celebrada’ reunión. Estos detalles nos dan que pensar que esto no ha sido más que un brindis al sol de un gobierno que tiene más de medio estoque en lo alto y anda buscando las tablas. Al final como diría un castizo: ‘ná de ná’. Todo seguirá igual. La fiesta cada vez más perseguida y en serio peligro de abolición de estos nuevos dictadorzuelos de pastel.

 Luego la torería, por lo que nos han contado, tampoco han puesto el dedo en la llaga. Se han escudado que el toreo debe de pasar a depender del ministerio cultura en vez del de. Argumentan que el toreo es arte, y el arte es cultura. Lo malo de esto es que esto tampoco arregla nada. El paso a cultura solo supondría la disminución de los impuestos y poco más. Las ‘chorizadas’ y tropelías que se hace con la teórica vigilancia y normativa de interior, se elevarían al cuadrado, que digo al cubo, si desapareciese la tutela policial que hoy tiene la fiesta y que por cierto es burlada tarde tras tarde.

 La fiesta necesita una reforma profunda que no es otra que volver a la integridad. Hay que desterrar el fraude y la mentira de nuestras plazas. Los entre bastidores del toreo están podridos y en ellos habita la mentira. La pregunta que habría que hacer a estos ‘paladines’ es si están dispuestos a vivir sin las ventajas que viven. Si quieren cambiar su status de ‘figuras’ por la de matadores de toros de verdad, sin manipulaciones, sin hacer ascos a encastes ni a ganaderías, sin rehusar plazas importante y dejar el circuito menor a los espadas que lo deben de ocupar.

 Es indignante como una ‘primera’ figura se pasa medio verano en pueblos, portátiles y ‘gaches’ matando dos toretes desmochados, cuando otros, los recién alternativados, los que están alejados de las grandes casas empresariales o aquellos que continúan buscando el tren perdido, se aburren en el sofá de su casa.

 Los pilares de la esperada reforma son esos. Los de la integridad y la verdad. No pasar a depender de un ministerio u otro. Eso no es la solución. La solución es la de meter a la gente en la plaza y hacerla pasar un rato bello, la fiesta aparte de culta es la más bella de nuestras tradiciones, con un espectáculo, repito, integro y verdadero. Hay que volver a la esencia. No hay que volver la vista atrás, ni buscar tiempos mejores. Hay que mirar al frente pero basando la tauromaquia en lo que siempre fue. La lucha a muerte de la razón humana contra la fuerza bruta del irracional. Lo de menos son los ministerios. 

 Los políticos sobran en una fiesta que siempre ha vivido sin ellos. La fiesta tiene identidad suficiente para caminar sola, pero ojo, con la verdad y la integridad siempre por delante.

 Publicado por Salvador Giménez  en la pagina amiga  http://veterinariostaurinos.blogspot.com/

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