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DOMINGO 21 JUNIO

NOVILLOS DE ANTONIO RUBIO "MACANDRO"

SANDRA MOSCOSO
JUAN MARI RODRÍGUEZ
IGNACIO GONZÁLEZ


Tarde  de calor espantoso; media entrada, novillos  de buena presencia de Antonio Rubio “Macandro” de procedencia Núñez, faltos de casta como norma y de banderillas negras el segundo.

Sandra Moscoso silencio, saludos. Descabelló el de Juan Mari Rodríguez y toreó el segundo de este, silencio.
Juan Mari Rodríguez, resultó cogido en su primero, después de entrar a matar, y tiene cornada de 10 cts. justo en el exterior del ano. Pronostico reservado.
Ignacio Gonzáles,  silencio y silencio.


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Lo de siempre y esta demostrado:

Los presidentes de aquí son amables con los ganaderos. Parece que sea de mal gusto el castigar con banderillas negras en esta plaza.
Sin embargo olvidan los presidentes que las banderillas negras es una forma muy eficaz de evitar que los ganaderos manden gato por liebre a una plaza como La Muy Real Maestranza de Caballería, pero menos, y cada dia menos.
Las banderillas son una forma muy justa y oportuna de castigar la calidad de lo que nos mandan. Si consentimos de esta manera el ganadero se confía en que posiblemente  no triunfe, pero esto no tiene consecuencias para vender toros en otro sitio e incluso para volver aquí año tras año.
Por otra parte los presidentes son verdaderamente exigentes con los toreros (sobre todos con los de afuera y sin padrinos de importancia) en la concesión  de los trofeos, porque para eso estamos  en la Meca del toro pero menos, cada dia menos.

Paco Diaz

 



CRÓNICA DE PÉREZ ALARCÓN (
perezalarcon.blogspot.com)

26º de abono en Sevilla: Cogida de Juan Mari Rodríguez en Sevilla, en tarde de "silencios maestrantes".

Hay que tener mérito para ir a los toros en Sevilla, cuando camino de la plaza hacia la "friolera" de 39º, y asistir a esta novillada de Antonio Rubio "Macandro", que ha sido desrazada, mansa y sin la trasmisión deseada para los novilleros.

La triste noticia ha sido la cogida del novillero Juan Mari Rodríguez, novillero sevillano, de poco oficio, y de avanzada edad, y que tras entrar a matar al segundo de la tarde, y quedar en la cara del toro, ha sido prendido de forma certera, y ha sido conducido a la enfermería con carácter de urgencia. Ese novillo, mansote de salida, y con escaso lucimiento, Juan M. Rodríguez estuvo voluntarioso pero sin llegar a concretar ideas. Lidia malisisma, y peor en varas. Mala suerte para este novillo.

La tarde, tras la cogida de Rodríguez, se quedo en un inesperado mano a mano entre Sandra Moscoso e Ignacio González, triunfador la semana pasada en Sevilla, y que se ganó la repetición en la Maestranza.
Sandra Moscoso, de Jerez de la Frontera, ha demostrado oficio y madurez, respecto a otras actuaciones, y ha dejado detalles de buen gusto, sobre todo en el cuarto de la tarde. Con ese novillo, un animal manso pero con trasmisión, ha dejado dos series de derechazos, con mucha firmeza, y una serie al natural, muy relajada, que fue motivo suficiente para que sonase la banda del Maestro Tejera. Adornos posteriores, y un gran pase de la firma fueron los momentos más espectaculares. Tras fallar reiteradamente a espadas, su labor fue aplaudida. Con el primero de la tarde, se gustó con el capote, pero ni el novillo, ni el viento, le dejaron estar a gusto.

Con el último de la tarde, con un novillo, soso, y descastado, con una falta de raza importante, Moscoso tiró de oficio, y corazón, sin que aquello despagara. Tras una mala actuación con la espada se le volvió a silenciar su actuación.

De Ignacio González, decir que hoy le he notado más tenso que en su anterior visita a la plaza maestrante. Tiene un defecto, que debe mejorar, y es que ahoga mucho a sus novillos, y quizás le hubieran servido algunos si su técnica o corazón hubieran pensado un poquito. De todas formas, no tuvo material tampoco para destacar. Con el tercero de la tarde, lo más destacable fueron los derechazos que ejecutó con firmezay decisión. Tras esa tanda de derechazos el novillo se terminó rajando. Silenciada su labor.
Con el quinto de la tarde, recetó la misma faena que a su primero, y quizás pecó de fomentar el ansía por triunfar, y ahogo las cortas embestidas, pero nobles, del animal, que duro poquito, pero mientras lo hizo, le dedicó unos derechazos lentos y cadenciosos. Tras pinchar de forma reiterada, fue nuevamente silenciada su labor.