Sabado 29 Marzo
Toros de Palha

José P. Prados "EL FUNDI"
JESULI DE TORRECERA
LUIS BOLIVAR



TEMPORADA
2008 SEVILLA

TEMPORADA
2005 SEVILLA

 
FUERA DE ABONO
 


Sevilla. Sábado, 29 de marzo de 2008. 1ª corrida de toros de feria. Casi tres cuartos de plaza en tarde apacible. Seis toros de Palha, bien presentados, cumplidores en el caballo y dificultosos y parados en distinto grado para los de a pie, salvo el bravinoble quinto, ovacionado en el arrastre.
Pesos: 555, 569, 530, 505, 550 y 486 kilos.

El Fundi (Vuelta al ruedo y Oreja);
Jesuli de Torrecera (Silencio en ambos) y
Luis Bolívar (Silencio y Palmas).

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CRONICA DE SANTI ORTIZ




     

NO ESTAR A LA ALTURA

Ni la corrida de Palha estuvo a la altura de Sevilla, ni el público de la Maestranza a la altura de Bolívar, ni Jesuli de Torrecera a la altura del quinto toro de la tarde. Éste podría ser el destacado negativo de un festejo que arrojó, en positivo, la afición y torera sapiencia de El Fundi y la entrega y disposición del espada colombiano.

El encierro enviado por el ganadero lusitano desde “Heredade de Adema”, antes de contribuir con su juego al esplendor del festejo, fue un baldón sin casta ni alegría, siempre a la defensiva y sacando semioculto peligro con un sentido probón y taimado que puso, en más de una ocasión, en dificultades a los toreros. Sólo lo salvó de la quema, la seria pelea de Gatón, cinqueño y quinto de la tarde, el cual se empleó con bravura en el primer tercio y demostró clase y fijeza en la muleta hasta que las dubitaciones de Jesuli le hicieron ponerse molesto y casi terminar montándosele encima. Toro bravo y exigente, que mereció mejor trato torero; mas insuficiente para tapar el mal estilo y complicaciones del resto de sus hermanos.

El público de Sevilla, tan sabio a veces, tan receptivo para captar esos detalles que sólo él sabe apreciar, ha estado incomprensiblemente frío y distante con el valor cabal y la entrega sobria y sincera de Luis Bolívar. Que el peligro de su primer toro y su defecto de no humillar y echar la cara arriba deslucieran las suertes no quita para valorar en el torero su firmeza de ánimo y su porfía. Y peor fue en el astifino y ofensivo sexto; toro tardo y soso, donde el torero caleño puso toda la carne en el asador, dejándose llegar las finas púas del burel a la frontera misma de las taleguillas, para lograr estimables naturales que, como sus pases cambiados de inicio, también pasaron desapercibidos para la aburrida parroquia maestrante. Menos mal que, en ese toro, la gente reaccionó premiando con una ovación de gala un oportunísimo quite en banderillas del peón Domingo Navarro, quien, por cierto, estuvo torerísimo y lucido durante toda la tarde.

Mucho más grave es lo de Jesuli. Ayer tenía que resolver su vida profesional y, lejos de estar a la altura de las circunstancias, se cavó la fosa que puede enterrarlo definitivamente. Siendo conmiserativo, se le podría perdonar en parte sus dudas ante el corto viaje y la incierta embestida de su primero –que le exigía cruzarse y no citar al hilo del pitón como hizo siempre–, por la atenuante de lo poco que torea. Pero lo del quinto no tiene justificación. Se jalearon sus verónicas de saludo, donde ya el toro dejó entrever su clase, y ahí podemos asegurar que acabó su lucimiento. Tardó más de la cuenta en llevárselo a los medios. Ligó tres derechazos y, al cuarto, pegó un pingüi de aquí te espero. Comenzó a citar fuera de cacho y a desinflarse a medida que el toro se crecía. La faena discurrió por cauces que a nadie convencieron, porque era el torero el primero que no estaba convencido, y acabó con adornos que se pitaron porque ni venían a cuento ni podían tapar el hecho lamentable de que el toro se le había ido. Por desgracia, el toro y mucho más.

En los antípodas de la predisposición, oficio y gallardía navegó la figura de El Fundi, torero curtido en mil batallas, que atraviesa un momento de dulce equilibrio entre la materia gris de su cerebro y los latidos de su corazón. Técnica y valor, pundonor y recursos, madurez y afición, se dieron la mano en El Fundi que pudimos contemplar ante los toros lusitanos. Valga de borrón, el inicio de faena a su primero por el pitón malo del toro, que ya se lo había cantado en el capote. Ahí titubeó y no se encontró a gusto; pero su predisposición lo llevó a echarse la muleta a la zurda para comenzar a construir una faena que acabaría con el toro dominado y toreado por ambos pitones. Y ante la guasa del toro-burra que hizo cuarto –el cual estuvo a punto de echárselo a los lomos en más de una ocasión, para acabar sorprendiéndole y volteándole en los estertores de la muerte–, resplandeció con total plenitud su afición de torero. Porfió, porfió y porfió, sin denuedo, sin aburrirse, sin importarle asumir un riesgo que el toro no merecía, sin que ni yo creyera que valiese la pena, hasta que al largarle el espadazo que lo tiró sin puntilla, se unieran en nuestra mente todos esos méritos y, en consecuencia, los pañuelos afloraran demandando y obteniendo para él la primera oreja de la feria. Una vez más, la torería y la afición de el diestro de Fuenlabrada dictaban su lección magistral. Ya estoy deseando verle con los miuras.

Santi Ortiz