24 Abril Martes
Toros de "Torrestrella"
CÉSAR RINCÓN
ENRIQUE PONCE
SALVADOR CORTÉS

TEMPORADA
2007 SEVILLA

TEMPORADA
2005 SEVILLA

24
ABRIL
   
 Fuera de
Abono

Lleno de no hay billetes y van cinco. En tarde espléndida, se lidiaron seis toros de Torrestrella a excepción; de un bravo y enclasado, sobre todo por el pitón izquierdo 4º bis, flojos, descastados y sosos.

César Rincón, de azul marino y oro. Silencio y dos orejas.Se despidió entre ovaciones el maestro colombiano.
Enrique Ponce, silencio y ovación.
Salvador Cortés, silencio y saludos.

Incidencia: Gran actuación de Luis Mariscal en banderillas en el sexto


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César Rincón

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Enrique Ponce
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Salvador Cortés

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ALGO SE MUERE EN EL ALMA - Por Ignacio de Cossío

Entrega es la palabra que definió la enrazada faena del mejor torero de América que ayer se despidió para siempre de la Maestranza. César Rincón, espectador de lujo en su primero como del resto del mal encierro de Torrestrella jugado en Sevilla, a excepción del mencionado cuarto obtuvo la nota más sobresaliente. Pero ahí no quedó la cosa y casi en el cierre de la tarde, redondeó el maestro una gran faena en redondo de manera magistral y torera. Tras unas verónicas aseadas colocó el bogotano al toro en el caballo para que éste cumpliera sin más. Todo quedaba por venir... Como no podía ser de otra manera, la histórica despedida se fraguó por bajo con doblones toreros hasta que pudo atemperar las embestidas del animal más bravo de la feria. El toro de nombre Ventisca parecía un obús junto al maestro. Su paso atronador levantó el polvo del albero. La tierra crujía y el César, más César que nunca, ligó dos series largas al natural. Volvió Rincón a la cara del toro y templó más aún su muleta. No puede ser, el toro descubre al torero que esta al hilo y lo caza a traición. El maestro sufre una voltereta espeluznante, su cara está ensangrentada, conmoción craneal y ya sus piernas casi no pueden sostenerle. Ponce se acerca y le invita a abandonar. Rincón se niega y nos regala las dos series de mayor entrega de esta Feria de Abril 2007, en donde no deja de producirse acontecimientos felices. Allí junto a las tablas del cuatro, frente a mí, nació Rincón de nuevo. Ése colombiano descarado y arrebatadoramente valiente y feroz ante el toro más bravo en Sevilla. Siete derechazos bastaron, la plaza extasiada muda se quedó. Llegó la suerte suprema, quietas a modo de testigos mudos aguardaron las cuatro banderas plegadas de la torería. El colombiano lo intenta y lo consigue por segundo vez a recibir, lo nunca visto en mucho tiempo. Estocada hasta la bola y caen del palco las dos orejas a ley y a sangre, logradas por El César que se marchó entre palmas besando su bandera nacional y ese albero maestrante que guardó celoso en su chaquetilla para no olvidar quién fue y como conquistó a Sevilla.

Ponce ante un lote imposible brilló y dejó palatina constancia de su maestría. Cortés, también ante un lote nefasto, continúa en ese compás de espera en donde se sitúan las mejores y más jóvenes espadas de nuestro país, hoy rendidas más que nunca al maestro colombiano César Rincón.