30 Sept. Domingo
Toros de Alcurrucén
CURRO DIAZ
MIGUEL ANGEL PERERA
SALVADOR CORTÉS

TEMPORADA
2007 SEVILLA

TEMPORADA
2005 SEVILLA

30
SEPTI
   
 Fuera de
Abono


Meteo: Nublado y caluroso con amenaza de lluvia.

Toros de Alcurrucén, muy bien presentados en hechuras,
peso y cornamentas. De poco juego en general.

Curro Diaz, vuelta al ruedo y ovación
Miguel Angel Perera, oreja y ovación
Salvador Cortés, silencio y silencio


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Curro Diaz

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Miguel Ángel Perera

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Salvador Cortés


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CRÓNICA DE SANTI ORTIZ

PELLIZCOS, FIRMEZA E INQUIETUD

Si tuviera que resumir con una palabra la actuación de cada uno de los diestros de la corrida de ayer, utilizaría sin dudar las que rezan en el título.

Pellizcos en el alma provocó el toreo desnudo, terso y sentido de Curro Díaz en su faena al cuarto. Pellizcos de aroma en los pases de la firma de inicio, en el regusto de su toreo en redondo con la mano diestra y, sobre todo, en las acariciantes y profundas trincheras de remate. Hay que decir, no obstante, que, favorecido con el lote más potable de un encierro que exhibió un surtido muestrario de mansedumbre, permitió que masacraran a su primero en varas. Además, pese a ese goteo de estrellas que fueron sus pases en el cuarto, tampoco acabó de redondear su labor.

Firme es la dura roca que soporta el embate de las olas; pero más firme es aún la voluntad torera que aguanta inconmovible los derrotes, coladas e incertidumbres de los toros. Ayer la firmeza fue Perera; el valor fue Perera; el que llevó a los tendidos esa sensación de poderío que exhalan los toreros cuando atraviesan su momento mágico fue Perera. Pese al peligro que evidenció su lote, dejó a los toros crudos en el caballo, y, después, se puso en el sitio donde las reses cogen o se entregan. Su primero, que se coló por los dos pitones, acabó vencido por el valor y férrea determinación del diestro. El quinto, que a su amoruchada estampa unió una embestida bronca, reservona e incierta, lo desbordó situándose muy por encima de su artera condición. No fue una faena limpia porque no podía serlo, pero sí valentísima y de gran entrega dentro de una cierta frialdad. Su mayor borrón –enganchones aparte– fue su desganada forma de entrarle a pinchar.

La inquietud, la preocupación, la duda razonable, acompañaban a Salvador Cortés cuando abandonaba el coso después de firmar una muy mediocre, aunque voluntariosa actuación. Ante el crucial compromiso de su encerrona en solitario del próximo día 12, Salvador ha dejado un parte meteorológico con predicciones de nubes de tormenta sobre su próximo futuro. No sirvió su lote; pero las vibraciones que transmitió el torero no fueron nada tranquilizadoras. A la muerte de su primero se hizo el silencio más aterrador que recuerdo en Sevilla. Era el silencio de la negación de la existencia. Como si el toro que arrastraban las mulillas no hubiese estado allí ni Salvador tampoco. Y en el sexto, después de haber pegado mil pases sin que de su alma brotara el mínimo chorro de luz, el público le instó a que terminara. Preocupante, muy preocupante.
Mucho deberá sanear su mente y buscar en el hondón de su espíritu las ilusiones que, al parecer, ha extraviado, para que el reto del 12 de octubre no termine en un temido fracaso.

Santi Ortiz