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Fuera de Abono
 


20 JUNIO DOMINGO

NOVILLOS DE "EL SERRANO"


JOSÉ MARÍA ARENAS
JOSÉ AREVALO
DIEGO SILVETI

Tarde de verano, media plaza.
Novillos del Serrano - encaste J.P. Domecq - buena presencia faltos de casta en general pero nobles, 1º-2º y sobre todo 6º de buen juego.

José María Arenas, saludo y vuelta
José Arevalo, vuelta y silencio
Diego Silveti, aplausos en el que lidió

Incidencia: Silveti, cornado al entrar a matar, con herida en el muslo izquierdo de 12 centimetros, pronóstico menos grave.


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MISCELANEA

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Querer es poder  
(crónica de Manuel Artero)

Novillos de El Serrano, bien presentados, faltitos de casta los tres primeros, mansos los tres últimos. Potables para la lidia los dos primeros, dándoles sitio, y el último, llevándolo mucho y muy sometido.

Los novilleros merecieron este nombre. Son novilleros en el sentido clásico de la palabra. Quisieron. Quisieron poder con los novillos, quieren ser toreros, e hicieron todo lo pudieron. Si no pueden, por alguna carencia técnica, yo lo comprendo, y sé que probablemente desarrollarán esa técnica. Con este tipo de novilleros (los que hemos visto en el segundo tramo de las novilladas del abono) yo también quiero seguir viendo toros, y sé que la fiesta seguirá adelante, pese a tantas cosas…

José María Arenas salió con muchas ganas en el primero. Lo toreó de capa, lo quitó después del caballo, le contestó al quite de Arévalo, y banderilleó con él, haciéndole un oportuno quite a cuerpo descubierto. Empezó toreando de rodillas en los medios, y consiguió algún derechazo que otros no dan ni de pie. Quizá mucha paliza para el novillo, justo de casta, o quizá lo ahogó un poco por el ansia de torear, y torear bien, pero lo cierto es que el novillo se paró pronto, quedándose en medias embestidas, pero sin perder la fijeza y la prontitud al cite. Le recetó un estoconazo.

Al cuarto lo recibió de larga cambiada de rodillas (Arévalo lo había hecho a porta-gayola, y estos novilleros no se dejan pisar el rabo). Lo lanceó de capa con el compás abierto, asentado en el ruedo, y transmitiendo poder al tendido. Este mansito no era el primero y, aunque también quitó y banderilleó, en la muleta no pudo hacer más.

Tuvo que torear al sexto por cogida de Silveti, y fue el tercero de los que sirvió. Sonó la música con un toreo redondo de transmisión, cogiendo al novillo corto y llevándolo mucho, con la cara tapada, hasta muy atrás, mandando como hacía falta. Quizá con cierta falta de oficio, no siempre pudo estar a la altura necesaria para corregir las dificultades del novillo. Pero yo me quedo contento. Quiso, y muchas veces pudo. En definitiva, eso debería ser novillero ¿no?

José Arévalo estuvo también a gran nivel. Recibió a los dos de su lote de larga cambiada de rodillas en toriles. Alguien debería avisarle que la plaza de Sevilla tiene el suelo de albero, no de tierra. Se quedó de pie a esperar a ambos, y se tiró de rodillas al salir los novillos. En ese momento es fácil clavarse una piedra de albero en la rodilla y quedarse acalambrado. Un riesgo innecesario. Su primero fue quizá de lo mejor de la tarde. Toreó bien con el capote, y también contestó al quite de Silvetti. Y con la muleta gustó y se gustó. Fue el más molestado por el viento, y demostró siempre gran capacidad de reacción y de improvisación en la cara del novillo. Por reseñar algo en negativo, quizá lo cerró demasiado pronto, porque parecía que podía seguir ayudando en los medios, y la música seguía sonando. Vuelta al ruedo tras petición.

El quinto tocaba manso. Pero para un novillero con ganas sólo es un desafío. Se entregó con él persiguiéndolo con el capote donde quiso el animal. Y claro en el quite se llevó un golpe en la frente. Acudió a las tablas, y cuando quisieron cogerlo para llevarlo a la enfermería, pudimos escuchar: “Dejarme, joder, que sólo estoy mareado”. Y mareado, y con un chorro de agua que Arenas le echó en la cabeza, se fue a la cara del toro a seguir dando capotazos. El lucimiento en banderillas tenía que ser menor, pero lo intentó. Y en la muleta sacó lo poco que el novillo podía ofrecer, con arreones, a la defensiva, para terminar buscando las tablas.

De Diego Silveti poco se puede hablar. En su lote había uno bueno y uno malo, como en los otros, pero él echó el malo por delante, y al entrar a matar lo mandó a la enfermería. Demostró, durante la lidia, cabeza fría, y buen conocimiento de los terrenos y del tiempo. Hasta donde el novillo permitía, claro. Lo dio todo, como sus compañeros, pero con peor fortuna. Aún así, terminó de pie en el ruedo hasta que dobló su novillo, y se fue andando a la enfermería con una sonrisa en la boca y dando las gracias al público que le aplaudía. No está nada mal para llevar 5 centímetros de cornada hacia arriba y otros 12 hacia abajo en el tercio superior del muslo izquierdo, con laceración de las fibras musculares del abductor mayor.